viernes, 9 de noviembre de 2007

Me asfixié y ardí en la espera




He Aquí un pequeño cuento que escribí

Ella estaba sentada ahí.
sola, con su cara mojada en lágrimas.
Y él llegó, la miró, le dió un abrazo. Le dijo "te quiero, ¿sabías?"
El beso en el cachete, sonó muy fuerte, y casi tapa el "yo también."
El día se puso oscuro, las nubes llegaban con aires de cambio, y se hacían sentir en el ánimo de ellos, y sus almas lloraban en silencio. Sólo ellos sabían que el dolor estaba presente. Nunca nadie más pudo haber imaginado eso, que las vidas de estas dos personas, aparentemente normales, estaban rogando por un final.
Él sólo necesitaba que ella lo quisiera. Ella lo sabía, pero el tema era que ella no podía hacerlo. Él confiaba en que la espera, por más difícil que fuese, iba a ser fructífera.
Ella, seguía sufriendo por amores y desamores anteriores, que volvían, y le hacían insoportable el existir.
Todo va a cambiar, pensaban.
Un gesto, un abrazo, un beso, una mirada, una sonrisa.
Esas cosas, son capaces de salvar la existencia de las personas.
El amor es más fuerte, dicen.
y bueno,
queda en nosotros creerlo.

+

y ella dijo, "no aguanto más, ¡me quiero morir!"
él repitió lo que decía cada vez que escuchaba esos vocablos salir de su boca:
"yo me mato después que vos." Y recibió la misma respuesta de siempre "no digas boludeces"
Creía que si ella desaparecía, el terminaría adentro de un cajón, tapado de polvo, descompniéndose, pero una carta que el ya había escrito, decía que él quería estar a su lado aunque estuviesen muertos.
Sus abrazos, esos que eran in-, pero finitos, empezaron a aparecer en su cabeza. Al mismo tiempo en que ella dejaba caer una lágrima, el comenzó a llorar. Era como una despedida, hasta mañana, y a la vez, era como un Adiós, para no volver a verse.
Otro abrazo, un beso fuerte en la mejilla, una mirada a esos ojos que no podían hacer otra cosa que cautivarlo más.
Y el final de todo estaba llegando.
Prendió un pucho, y ese rato, vió como se quemaba lentamente, al igual que su propia vida.
Al igual que todo lo que tenía, se dsevanecía y se hacía cenizas.
La miró de nuevo,
y le repitió,
"NUNCA ME FALTES"

recibió una sonisa, otro abrazo, y un "no te voy a faltar NUNCA JAMÁS"
 
+

Y en su cabeza resonó la letra de esa canción que tanto le gustaba, "yo soy el que te mira y te agradece a vos, lo bueno y malo, todo lo que somos", y pensó en decírselo. Pero se dió cuenta de que iba a ser poco original, a pesar de que ella ni ubicaba la banda que interpretaba la canción.
Otro pucho se moría y en su cabeza, todo volaba, la nebulosa era cada vez más grande.
Se fué, la despidió con un beso y un abrazo enorme, puso música en su mp3, y emprendió viaje a rumbos desconocidos. Vió por última vez esos ojos, y procuró tenerlos muy bien frescos en la memoria, para que cada vez que escuchara "ojos" esos aparecieran ante sus ojos.
Zigza-gueaba por las calles. La jungla de cemento lo envolvía de a poco, y lo llevaba a los sitios más oscuros que alguien pueda imaginar. Pero sólo repetir su nombre, le aclaraba todo, traía luz, y una brisa primaveral, casi de verano, con olor a esas flores que le había regalado una vez.
Y en su zig-zag lo acompañó un rato ese calor que traía su recuerdo.
Paró en un kiosko, compró una birra. La chica del kiosko, le dijo "¿tenés algo para guardarla? sos menor."
"vivo acá cerca, metela en una bolsa y listo"
Salió, arrepintiéndose por la mentira, aunque después pensó "más piadosa que esa, no hay ninguna"
Sus dientes hicieron fuerza, y la chapita saltó unos metros.
Un trago largo, la frescura lo envolvió, y justo empezó a sonar esa que decía "ya es noviembre y todo huele mal."
Pensó en cambiarla. Pero luego dijo, "bah, es mi tema favorito."
Cantó a viva voz por la calle, con una cerveza, un pucho, y la gente lo miraba.
Hasta que dejó de ser un espectáculo para ellos, y de nuevo pasó a ser un fantasma entre la multitud.
Otro trago, los recuerdos de vidas anteriores empezaron a aparecer, como cuando se revuelve un cajón, y se encuentran fotos del pasado.
Las lágrimas brotaron con demasiado impulso. Un baldío lo cobijó un rato, hasta que su celular empezó a sonar.
"Te necesito acá" fué lo primero que escuchó. Soltó la botella vacía, y dijo, "Sabés donde encontrarme nena, oh."
La risa de ella, ahogada en llanto, sonó fuerte, y casi lo aturdió. Cortó el teléfono, se levantó tambaleante,
su trote era casi gracioso pero nunca le importó realmente.
La puerta de la casa de ella, abierta de par en par.
Le comió la boca, sin pensarlo, ni dudar.
Ella no se resistió.
Se había dado cuenta de que esas dos almas clamando por felicidad, debían estar juntas.
y corrieron.
Lejos, MUY lejos. A donde nadie podía encontrarlos.


Yo diría que volaron a las estrellas, pero es muy arriesgado.


Ezequiel77(punto y guión)