jueves, 2 de diciembre de 2010

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Desilusioné? ya lo creo, siempre lo hice.
Yo fui el mismo que no creyó. y si ni yo creo, como pueden los demás creer?
Si mi completa persona no es ni siquiera la mitad de un humano, no puedo intentar hacer que los demás me quieran.

suficiente de mí. suficiente.



martes, 30 de noviembre de 2010

Una vez leí que la felicidad son solo momentos. Y hoy me doy cuenta precisamente de eso. 
Aprendí a decepcionar a la gente con tanta facilidad, que mis sufrimientos y pesares son precisamente mi culpa. Creo un mundo maravilloso para la gente, pero por lo general no soy capaz de sostenerlo. Bajo los brazos muy fácilmente. Y la gente se aleja de mí.
Quiero poder lograr mantener los estados anímicos, lograr tranquilizarme y tomar las cosas con su debido tiempo y poder hacer durar las cosas. Poder sonreír, poder llorar, sin lastimar.
Quiero y mis días y personas me están dando las razones necesarias y justas para intentarlo.
 

viernes, 26 de febrero de 2010

Carta Para mi Muerte

Y bien, aunque sea una sola vez en la vida, a uno se le ocurre escribir una carta que tenga como destinatarios a aquellos conocidos y conocidas que alguna vez pasaron por su vida, para ser leída al momento de morir. A mì se me ocurrió hace un par de noches, y se me había olvidado, pero no sé por qué recordé que era una de las cosas que me daba vueltas en la cabeza. 
Comenzaría así. 
Si estás leyendo esto, es porque no estoy con vos, y algo te llamó a leerla de nuevo. 
Voy a empezar a puntualizar las cosas que puedo dejar, lejos de lo material y efímero, aunque a su vez un poco cerca.
A la familia que nunca dejó de estar al lado mío, le dejo el recuerdo de cada uno de los momentos de felicidad y tristeza, sonrisas y llantos, que vivimos juntos. Sé que no olvidarán eso, o que por lo menos, lo recordarán un tiempo y se les irá olvidando de a poco exactamente cómo fue, el color de mi pelo, mis ojos, la sonrisa, el lugar donde fue, y detalles, que no harán enteramente a la situación, sino parte de lo externo y lo que pudiese haber sido diferente.
A mis viejos, les devuelvo todo el sacrificio y la entrega para hacerme mejor, que bien lo hicieron, me dieron todo lo que necesité, no sé si lo que quise, sino lo que necesité y eso es lo más importante.
A mi primer hermano, le dejo la música, porque él más que nadie sabe que eso no nos va a separar. El más que nadie sabe que, discrepando en ciertos aspectos, los años juntos, la infancia, la adolescencia, y la música, son cosas que nadie nos quitará. Su constante exploraciòn se basa en todo lo que yo no pude hacer, y no exploré sólo por cerrarme.  
A mis hermanos más chicos, les digo que nunca se cansen de crecer. Nunca le tengan miedo al mañana y menos, se duerman en el pasado. Y nunca pierdan esas sonrisas que iluminan el corazón de la familia. A ellos les dejo un recuerdo, que capaz vivan de otra manera que yo, pero es la llegada de otro miembro a la familia, que este terco no supo demostrar, ni siquiera con una sonrisa.
A aquellos hermanos que la vida me dió por otro lado, mis amigos, les dejo dos palabras:
Gracias y Perdón. 
Gracias por esos momentos que compartimos juntos, por la música y la charla, por acompañar a veces y a veces no, por retar y vivar. Por no dejarme caer nunca, por levantarme cuando caí sin avisar. Y perdón por abandonar a veces, por olvidarme otras tantas, por no haber sido francamente un buen amigo, por no haber logrado servir por momentos. 
Despedirse es difícil pero es parte de nuestro inconsciente, hasta el día en que nos vamos. 
Las despedidas duelen por el hecho de que el tiempo o la distancia están por existir, porque sabemos que en algún momento algo nos va a separar. Y el dolor es por ese algo, que nunca sabemos que és, pero tememos ante lo nuevo, y lloramos, y dolemos. 
No tenemos que hacerlo. 
No duelan. No duele. 
Es algo por conocer.
Y acá estamos, la muerte y yo de la mano.






Ezequiel.-