jueves, 8 de agosto de 2013

para siempre.

En las situaciones más extrañas es donde uno encuentra algunas respuestas a preguntas que alguna vez en su vida se hizo.
El nono se nos fué, el viaje apurado, el poco sueño, el velorio y la primera cosa que escucho, es la última frase que él dijo: "Elsa." Elsa fue el amor de su vida, su casamiento un 17 de octubre, la mujer que lo acompañó en todas las malas rachas, tanto laborales como de salud, y miles más. Elsa era mi abuela, era la mina fuerte que se calzó una familia al hombro y alimentó más bocas de las que en realidad podía. Elsa tenía el pelo claro, y los ojos chiquitos y brillantes. Los dedos ajados de tanto zurcir, la joroba que los años le cargaron en la espalda, pero Elsa tenía espíritu. Elsa tenía amor para dar a todos los hijos, a todos los nietos, a todos los conocidos, a todo el mundo.
Y Pedro, el nono, tenía un semblante tranquilo, renegado, y siempre nos vamos a acordar de la silla de plástico y él con los brazos cruzados por detrás de la nuca, mirando la televisión, sus manos enormes, su cuchillo desafilado que usaba de escarbadientes. Sus historias, sus silencios, sus miradas penetrantes.
Hoy el tiempo pasó, hoy mis abuelos viven en el recuerdo. Pero lo impactante de todo ésto fue la frase "Elsa" que mi abuelo dijo antes de partir, antes de encontrarse con ella vaya uno a saber dónde.
Eso es de un impacto enorme, porque yo una vez me pregunté si mis sentimientos eran capricho o eran amor.

¿Diré tu nombre cuando me vaya? ¿Seguiré pensándote? ¿Estarás ahi?

No lo sé, pero sé que el abuelo, despues de irse me sigue enseñando, y me enseña algo que nunca pensé que me iba a enseñar. Me enseña a amar para siempre.

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