lunes, 14 de mayo de 2007

Pasemos al fútbol


Bueno, característica más importante que tiene el país en que vivimos es la pasión ( a veces desmedida y  violenta) por el fútbol.
Pero hay veces que ciertos jugadores producen sentimientos muy grandes en la gente.
Tal es el Caso de Martín Palermo:

Martín Palermo es un superhéroe. O un prócer. Es San Martín. Fue teniéndolo a él en cancha que Boca se le animó al Real Madrid y le metió dos goles en seis minutos una fría noche del 2000. Fue él, Martín, la trampa que pisó el Tolo Gallego un día de mayo, el sello grabado en letras de fuego que se conoce en el ambiente bostero como "El Día de la Paternidad". Fue él, el Loco, el tipo que hizo su gol número 100 con la rodilla rota, firmó un triunfo de Boca y se fue. Fue él, el 9, el que se bancó que se le cayera una pared encima y volvió. El mismo Palermo que erró tres penales en un solo partido en el 99 y que al año siguiente, con ese videoclip centelleando todavía en su cabeza, aceptó la responsabilidad en una final de Copa ante Palmeiras. El mismo que lleva en sus oídos el grito hiriente de casi todas las otras hinchadas ("burro", qué otro) y tira chilenas en el área (y las mete). El optimista, el que no le tiene miedo al ridículo, el que Basile quiere mostrarles a los pibes de una selección local como ejemplo de ganador, el del espíritu que no se quiebra, el tipo que Macri se lleva con él de gira por el Interior, el que es capaz de meter goles aun en sus peores días y beberse un cóctel de lágrimas y sudor. Un tipo capaz de todo.

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