A veces es cuestión de hacerse cargo. Dejar el silencio de lado es un paso muy grande para un alma acostumbrada a callar.
Hoy la verdad está dicha. Las cosas no son como tendrían que haber sido.
O no son como deseo que hubiesen sido.
De todas maneras, uno queda con la satisfacción o por lo menos la tranquilidad de no haber callado por mucho más tiempo. De haber sincerado y haber dejado atrás el miedo a esa respuesta que ya se sabía cuál iba a ser.
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